Se debe tener en cuenta que la cibercultura tiene mucho que ver con la cultura y el uso del internet. Por esta razón, Elisenda Ardévol construyó tres estrategias para poder clasificar la relación entre cultura e internet. Ademas, Ardévol relaciona estas dos con la teoría antropológica ya que es donde se le ha dado más importancia a este concepto.
La
cultura es donde el ser humano obtiene todo conocimiento no solo de generación,
a generación sino también por el medio ambiente. A medida que el ser humano va
evolucionando ve que es necesario el cambio y es por esto que plantea la
relación entre el desarrollo tecnológico y el cambio social y cultural.
Por
otro lado, el internet ha transformado la vida del ser humano, pues presiona en
las organizaciones sociales y nos lleva a una nueva forma de vivir. Es muy
importante tener en cuenta el uso que le damos al internet. Se debe pensar que
el internet nos está llevando a una nueva cultura y a desarrollarnos como seres
humanos.
Según lo leído
la autora y explorando el mundo del ciber espacio es necesario
comprender algunos conceptos que ella menciona acerca del
internet y su lógica cultural la distancia
prevalece en el entendimiento epistemológico cibernético. Parece que la mejor
forma de comprender Internet es desde palabras que lo tracen como un lugar
lejano y ajeno a lo offline, por no decir “realidad”. Mejor dicho, palabras
como cíber-espacio o realidad online dibujan un lugar digital fuera de la
órbita cotidiana, alejado de toda normalidad material (no digital). De modo que
para ingresar y comprender lo que ocurre en Internet uno tiene que salirse de
la órbita. Pasa lo mismo con el concepto cíbercultura. Cuando se enuncia
esta palabra para referirse, como diría Geertz, al entramado de significados
que al formar un universo simbólico; implícitamente se está delineando
discursivamente una línea que separa la cultura cotidiana de la cíber-cultura,
incluso a veces dicotómicamente (como si fueran equiparables al blanco y
negro).
Esta forma de entender la lógica cultural de
Internet es similar a los términos subcultura y contracultura puestos en tela
de juicio por académicos. La crítica se orienta a que cuando los investigadores
piensan en sus objetos de estudio, entendiendo sus prácticas desde el prefijo
sub (o contra) están estableciendo teóricamente un a priori: que estás personas
se encuentran en un mundo
subterráneo o que simplemente todas sus prácticas van en contra de la cultura
hegemónica (esa que no llamamos contra, ni sub, ni cíber, y que después nadie
sabe definir). De esta forma, tenemos un problema: ¿cuándo algo es cultura?, o
¿cuándo es sub-cultura?, y en el caso de Internet, ¿cuándo es cíber-cultura?:
¿acaso mucho de lo que pasa en Internet no está determinado por acciones de la
cultura no cibernética?
Para evitar este problema, no se trata de dejar
de utilizar estos prefijos o conceptos, sino de simplemente entender el uso que
le damos a las palabras, y redefinirlas en pro del entendimiento y no tanto de
la definición ontológica de la realidad. Una contra-cultura puede ayudar a
definir un conjunto de personas que van en contra de los valores de cierta
comunidad o de la estructura política-económica definida. El término no define
a las personas, sino que entiende que esas prácticas van en contra de otras, o
que se desprenden de unas, o que se establecen mediante aparatos tecnológicos;
hasta ahí.
El caso del término cíbercultura puede ayudar a
entender el conjunto de prácticas y discursos que se encuentran basados, según
Levy, en la interconexión: siempre es mejor la conexión que el aislamiento; la
conexión es un bien en sí y que el horizonte técnico del movimiento de la
cibercultura es la comunicación universal. Y que los grupos que se forman ahí
son comunidades virtuales (y tribus online), que no son irreales,
imaginarias o ilusorias, sino de un colectivo más o menos permanente, constante
y dinámico que se organiza por medio de las herramientas digitales.
El lenguaje construye nuestro entendimiento del
mundo, al grado que debemos saber cómo lo utilizamos y para qué. Si es para
separar las cosas dicotómicamente cuando éstas son interrelaciónales, el
concepto no tiene un buen uso o confunde al investigador por pensar como ajeno
o aislado una dimensión que está conectada. Ahora, si es para entender lógicas
contrapuestas (anticultura), o delimitar el espacio en donde surgen ciertas
prácticas desde las tecnologías de información (cíbercultura), los términos abonan
el entendimiento de los límites y la interrelación de la cotidianeidad no
tecnológica (cultura offline) con la tecnológico (cíbercultura).
Igualmente, a la cibercultura que encontramos
en nuestra vida cotidiana, sin intentar valorarlos o juzgarlos según encajen o
no en una definición dada de cultura Al mismo tiempo, se intentará ver si
es posible ordenar las distintas aproximaciones y estudios sobre la
cibercultura situándolos en el marco general de la antropología social, y
cartografiarlos en función de las distintas corrientes teóricas sobre la cultura.
La esperanza de este empeño es proveernos de un marco conceptual para examinar
los discursos sobre la cibercultura y de unas herramientas de análisis para
aproximarnos al estudio cultural de Internet. Del mismo modo la introducción de la tecnología en la vida cotidiana
trae aparejadas la emergencia de nuevos espacios, nuevas formas de
participación, socialización, en fin, nuevas maneras de relacionarse y de
pensar el mundo en el cual vivimos. Pero, además de producirse nuevas prácticas
y representaciones1 del
mundo, se redefinen las existentes. Si antes nos manejábamos por correo postal,
ahora con los teléfonos celulares e internet podemos enviar mensajes de texto o
e-mails que cumplen la misma función que los anteriores medios comunicar un
mensaje con la ventaja que no hay que esperar meses para que llegue el mensaje
a destino.
El término cibercultura se refiere a una colección de culturas
y productos culturales que existen en y/o se hacen realizables a través de
internet, junto con relatos sobre estas culturas y productos culturales,
el rasgo distintivo de lo cibercultural, entonces, estaría sugerido por el prefijo
"ciber", que refiere a lo producido en el campo de la tecnología
informática.
De la misma manera que en la
concepción culturalista (esencialista y particularista) de la cultura, la cibercultura se basa en un recorte
descontextualizador respecto de las condiciones estructurales en las que se
inscriben estas prácticas socioculturales.
Posteriormente en el análisis
cultural Geertz sostenía que para estudiar la cultura desde un punto de vista
antropológico es imposible aplicar una ley o una teoría determinada. La única
manera de estudiar las conductas humanas dentro del contexto cultural al cual
pertenecen es a través de la experiencia y de la observación del investigador.
De hecho, la noción de cultura
denota un esquema históricamente transmitido de concepciones heredadas y
expresadas en formas simbólicas, por medio del cual los hombres comunican,
perpetúan y desarrollan su conocimiento y actitudes ante la vida. En concreto,
Geertz define la cultura como un conjunto de símbolos que obra estableciendo
vigorosos, penetrantes y duraderos estados anímicos y motivaciones en los
hombres, formulando concepciones de un orden general de existencia, y
revistiendo estas concepciones con una aureola de efectividad tal que los
estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único".
La cultura entendida como un sistema de
interacción de signos interpretables no es una "entidad" a la que se
puedan atribuir de manera causal acontecimientos sociales, modos de conducta o
instituciones. Es más bien un "contexto público" dentro del cual
pueden describirse esos fenómenos de manera inteligible. Así, afirma Geertz
todo enfoque semiótico de la cultura consiste en ayudarnos a lograr el acceso
al mundo conceptual en el cual viven otros sujetos, de suerte que podamos, en
el sentido amplio del término, dialogar con ellos".
Para Geertz, la cultura de un pueblo es como
"un conjunto de textos que los antropólogos se esfuerzan por leer por
encima del hombro de aquéllos a quienes dichos textos pertenecen
propiamente". Para ello es preciso intentar mirar a esos sistemas
simbólicos como formas "que dicen algo sobre algo, y lo dicen a
alguien". Las sociedades contienen en sí mismas sus propias interpretaciones;
lo único que se necesita es aprender la mañera de tener acceso a ellas. Esto
significa, por lo menos, que Geertz admite la posibilidad de realizar un
análisis de los sistemas culturales que llegue a comprender, al menos en parte,
esos universos simbólicos.
Ese modo de entender la cultura determina el
método con el que se debe llevar a cabo la investigación etnográfica, cuyo
objeto lo constituye como ya hemos señalado el análisis del mecanismo que
emplean los individuos y los grupos de individuos para orientarse en un mundo
que de otra manera carecería de sentido, y por lo tanto sería inhabitable. Si
se compara la cultura con un texto, la antropología debe entenderse como una
tarea hermenéutica, como un intento de comprender las expresiones sociales que
resultan enigmáticas en la superficie.
El estudio del internet es un
espacio en el cual se reflejan los distintos ámbitos de la vida humana: la
política, la educación, el esparcimiento, las cosas buenas y las cosas malas.
Aquí, como en la vida real, el anonimato no existe, cualquier cosa que se
envíe, se escriba o se suba en Internet, puede ser guardado y rastreado. Aquí,
también como en la vida real, nos exponemos a peligros para los cuales se hace necesario
tener unos comportamientos adecuados y responsables hacia lo que vemos, leemos
y compartimos. La sinceridad, el respeto y la tolerancia son valores
importantes a tener y promover cuando usamos la red. En la misma línea
encontramos el internet procede
de las palabras en inglés Inter conecte Networks, que significa redes interconectadas.
Internet es la unión de todas las redes y computadoras distribuidas por todo el
mundo, por lo que se podría definir como una red global en la que se conjuntan todas las redes que utilizan
protocolos y que son compatibles entre
sí. En esta “red de redes”
como también es conocida, participan computadores de todo tipo, desde grandes
sistemas hasta modelos personales. En la red se dan citas instituciones oficiales, gubernamentales, educativas, científicas y
empresariales que ponen a disposición de millones de personas su información
Finalmente, la Cultura y Cibercultura son aproximaciones antropológicas
al estudio de los otros, la reflexión sobre lo cultural ha estado íntimamente
vinculada al desarrollo tecnológico. En los albores de la disciplina
antropológica, la tecnología era vista como un residuo de las culturas a partir
del cual el investigador podía clasificar las sociedades de acuerdo con una
línea evolutiva: de lo simple a lo complejo, a mayor desarrollo tecnológico,
mayor nivel cultural



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